El estrés y la agresión en perros

adiestramiento canino

Aunque todavía no es muy común escuchar acerca de la relación entre el estrés y la agresión canina en los medios de comunicación generales, sí lo es en los medios especializados en temas de perros y entre los adiestradores. Puede decirse que el estrés es la causa última de agresión en perros.

No existe una definición de estrés que satisfaga a todos los estudiosos del tema, pero la definición que propuso Hans Selye en 1936 es útil para abordar el tema de estrés y agresión en perros. De acuerdo con Selye, el estrés es una respuesta inespecífica del cuerpo frente a una demanda de cambio.

El problema con esta definición es que conlleva mucha subjetividad. Lo que para un individuo resulta estresante puede ser ignorado por otro individuo. Más aún, lo que es estresante para un individuo en una determinada situación, puede no serlo en otra situación.

Sin embargo, y aún cuando estrés no es un término aceptado por la comunidad científica debido a su subjetividad, es útil para comprender algunos problemas conductuales y físicos que pueden presentar los perros. Es importante tener claro que el estrés puede ser favorable como desfavorable, según cómo se presente al individuo en cuestión.

El estrés puede ser favorable cuando motiva al organismo para ajustarse al ambiente. Por ejemplo, todos los perros que son adiestrados sufren cierto grado de estrés durante el adiestramiento, lo que les permite aprender. Dicho estrés no es negativo ni malo para el perro, sino un motivador para el aprendizaje.

Por otro lado, el estrés puede ser dañino cuando la demanda de cambio no puede ser satisfecha y el organismo sigue sintiendo la necesidad de responder a dicha demanda. Por ejemplo, un perro que pasa toda su vida atado a su caseta necesita libertad, socialización y ejercicio, pero no puede conseguir esas cosas. La necesidad de cambio es muy fuerte pero el animal no puede satisfacerla, por lo que desarrolla conductas patológicas, además de patologías no conductuales como úlceras gástricas, ataques cardíacos, pérdida de pelo y otras más.

Ya sea favorable o dañino, si el nivel de estrés supera un umbral determinado, puede preparar al organismo para defenderse mediante la respuesta de lucha o huida. En esos casos, los perros estresados pueden escapar para evitar las situaciones estresantes, o atacar con la misma finalidad.

Por supuesto, el umbral de estrés que se debe superar para que se produzca la respuesta de lucha o huida es variable de un perro a otro y de una situación a otra para un mismo perro.

Por ejemplo, un perro guardián de recursos tendrá un umbral muy bajo (atacará) para cuando alguien se acerque a su plato de comida, mientras que un perro bien educado tendrá un umbral alto para la misma situación (no atacará). En este ejemplo, dos perros diferentes tienen diferentes umbrales de estrés para atacar bajo una misma situación.

En otro ejemplo, un perro puede tolerar muy bien a los adultos, pero escapar de los niños. En ese caso se tiene un umbral de estrés alto para los adultos y bajo para los niños. Ese perro presentaría la respuesta de huída solamente en presencia de niños.

Aunque cada perro es diferente y algunos tienen una mayor predisposición hacia la lucha que hacia la huída, todos los perros pueden atacar si son sometidos a mucho estrés y no tienen posibilidades de escapar. Generalmente esa es la causa de los ataques sin razón aparente.

Cuando el estrés causante de la agresión es agudo (ocurre sólo en ciertas ocasiones), el perro suele dar señales de advertencia que, lastimosamente, la mayoría de los humanos ignoramos bien sea por desconocimiento o por simple descuido. Algunas de esas señales incluyen lamerse los labios, bostezar, rascarse repetidamente, gruñir y mostrar los dientes.

En muchos casos se castigan las señales más agresivas, como el gruñido y mostrar los dientes. El problema en esos casos es que solamente se reprimen las señales de advertencia que hace el perro antes de morder, pero no se eliminan las causas de estrés.

En consecuencia, el perro queda sometido a un estrés crónico que tarde o temprano lo lleva a "explotar" atacando con violencia y sin dar ninguna señal. Esto suele suceder cuando niños sin supervisión acosan o maltratan (sin intención en la mayoría de los casos) al perro, y éste es castigado por los adultos cada vez que da una señal para que los niños lo dejen en paz. A medida que pasa el tiempo, el perro deja de emitir esas señales (gruñidos, etc.) pero su nivel de estrés crece y eventualmente se libera en una agresión abierta.

Estrés y agresión, un ciclo potencialmente letal

Además del potencial del estrés para causar agresión, científicos de la conducta han comprobado que la agresión también aumenta el nivel de estrés. Por tanto, el estrés tiende a aumentar la agresión (en frecuencia e intensidad) y la agresión tiende a aumentar el estrés. Es decir que se crea un ciclo vicioso en que estrés y agresividad canina se alimentan mutuamente.

Un ejemplo muy evidente de esta relación ocurre a veces cuando los perros juegan bruscamente. El juego empieza como una actividad divertida y nada más, pero poco a poco aumenta el nivel de estrés (que inicialmente sólo motiva al juego). Al aumentar el estrés también aumenta la agresión en el juego, hasta que gradualmente la violencia escala hacia una agresión real. Por eso no debes permitir juegos violentos y sin reglas con tu perro.

Otro ejemplo de dicha realimentación lo constituyen los perros que viven atados a sus casetas. Estos perros empiezan presentando despliegues de conductas amistosas, pero con el tiempo su frustración aumenta (y con ello su estrés) y sus manifestaciones se vuelven agresivas. Esa es una de las razones, pero no la única, por las que los perros no deben vivir atados ni encerrados permanentemente. También es una de las razones por las que no hay que acercarse a un perro atado que no nos conoce, ni permitir que los niños lo hagan.

Otras relaciones entre estrés y agresión canina

También existen otras consecuencias del estrés que pueden conducir a la agresión, aunque en estos casos la relación estrés - agresión canina es indirecta.

Es sabido que el estrés puede causar muchos síntomas diferentes, que incluyen dolores, alteraciones de la conducta y enfermedades. Algunos de esos síntomas son los siguientes:

  • Dolores en diferentes regiones del cuerpo
  • Espasmos musculares
  • Reducción de las defensas inmunitarias con la consecuente aparición de enfermedades
  • Escozor frecuente e intenso
  • Diferentes alergias
  • Úlceras estomacales y dolor de estómago
  • Ataques de pánico repentinos
  • Ansiedad
  • Frustración e irritabilidad
  • Conductas estereotipadas, comportamientos compulsivos y obsesivos
  • Reacciones exageradas ante pequeñas molestias
  • Aislamiento social
  • Cambios de personalidad

Todos estos síntomas pueden dar origen a agresiones de diferentes intensidades, a través del dolor, el miedo, la frustración y reacciones inesperadas. Como esos síntomas suelen aparecer gradualmente y no son fáciles de detectar para los propietarios de perros, el problema tiende a pasar desapercibido hasta que se presenta la agresión.

Eliminar el estrés para eliminar la agresión

Muchas veces cuando se presentan casos de agresión canina se le echa la culpa a la raza del perro, a la falta de socialización y a otras muchas causas. Sin embargo, en muchos casos puede ser suficiente con eliminar las causas de estrés para eliminar la agresividad del perro.

Es por eso que es muy importante que los adiestradores y los veterinarios trabajen conjuntamente para complementarse tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de perros agresivos. Y es por eso también que es necesario hacer una evaluación detallada del perro, el ambiente en que vive y las situaciones en que ocurren las agresiones, antes de decidir cuál será el curso a seguir.

Si alguna vez se te presenta el desafío de tener que solucionar problemas de agresión en tu perro, toma en cuenta qué cosas pueden causarle estrés. No te limites a ocultar los síntomas, ataca el problema de raíz.

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