Infecciones urinarias en perros

infección urinaria en perros

Foto de Edudent bajo licencia CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

Las infecciones urinarias son comunes en los perros, especialmente en las hembras, y pueden afectar a cualquiera de las estructuras que forman el tracto urinario.

La infección recibe nombres técnicos diferentes según la zona en la que se encuentre localizada, de la siguiente manera:

  • La infección de la uretra se conoce como uretritis.
  • La infección de la vejiga urinaria se conoce como cistitis.
  • La infección de la próstata se conoce como prostatitis.
  • La infección de los riñones se conoce como nefritis o pielonefritis.

Síntomas

En muchos casos los síntomas pueden ser difíciles de notar y es común que la infección salga a la luz durante una visita al veterinario por causas diferentes. En otros casos, los síntomas son más evidentes. Los síntomas más comunes de infección urinaria en perros son:

  • Aumento de la frecuencia con que orina el perro.
  • El perro orina poca cantidad y muchas veces, y parece tener molestia al hacerlo.
  • El perro hace esfuerzos para orinar, pero no lo consigue o sólo logra expulsar muy poca cantidad. En estos casos, puede haber una inflamación de próstata o cálculos renales o uretrales. Es urgente llevar al perro al veterinario.
  • La orina es turbia.
  • La orina presenta mal olor.
  • Hay sangre en la orina.
  • El perro orina en lugares en los que no acostumbra a hacerlo (por ejemplo, un perro bien educado para ir al baño empieza a orinar dentro de la casa).
  • Fiebre.
  • Pérdida de apetito.
  • Depresión y letargo.
  • Descarga vaginal en las hembras.
  • Inflamación e irritación alrededor de los genitales externos.
  • Lamido frecuente del pene o la vulva.

Causas y factores de riesgo

La mayoría de las veces, estas infecciones son causadas por bacterias que ingresan al tracto urinario a través de la uretra, que es el conducto por el que sale la orina. A partir de ahí, la infección puede avanzar, afectando la vejiga urinaria, los uréteres y los riñones. En el caso de los perros machos, la infección también puede afectar la próstata.

La bacteria que con más frecuencia causa infecciones urinarias en perros es la Escherichia coli. Sin embargo, otros géneros de bacterias que también son frecuentes son: Staphylococcus, Proteus, Enterococcus, Klebsiella, Streptococcus, Enterobacter, Chlamydia y Pseudomonas.

Aunque las bacterias son los patógenos más frecuentes en estas infecciones, el tracto urinario de los perros también puede infectarse con hongos, micoplasmas, virus, algas y gusanos parásitos.

Las infecciones urinarias son más frecuentes en las hembras, debido a que su uretra es más corta y más ancha, además que orinan con menos frecuencia que los machos. Esto facilita el ingreso de los patógenos y la colonización de la vejiga urinaria.

Sin embargo, las infecciones en machos, aunque menos frecuentes, son más difíciles de tratar, ya que los antibióticos tienen menor acceso a los lugares donde se forman las colonias bacterianas, especialmente cuando se ha producido una prostatitis.

Los perros que tienen otras enfermedades del tracto urinario como cálculos, anormalidades del desarrollo y cáncer, son más propensos a desarrollar infecciones. La diabetes y la enfermedad de Cushing también favorecen las infecciones urinarias.

Cuando la infección no se trata adecuadamente, se corre el riesgo que las bacterias pasen al torrente sanguíneo causando una sepsis que puede ser fatal, o que infecten otros órganos.

Diagnóstico

El diagnóstico de las infecciones urinarias se hace a través de los síntomas clínicos y el análisis de orina. Cuando es necesario también se hace un urocultivo.

El análisis de orina se hace mediante una cinta reactiva que es introducida en la muestra de orina. Con esto se puede conocer el pH de la orina, los niveles de proteínas, cetonas, glucosa, bilirrubina, nitratos y otras sustancias indicadoras de la función de los órganos. También se evalúa la claridad de la orina, su color, olor y apariencia general. Además se observa una muestra al microscopio para ver si existen hongos, bacterias, glóbulos blancos u otros elementos indicadores de infección.

El urocultivo es necesario para conocer la bacteria específica causante de infección. Es más empleado cuando el tratamiento inicial con antibióticos de amplio espectro no da resultados.

En los casos en que se sospecha que existen cálculos, inflamación de próstata u otros problemas obstructivos o estructurales, se suele recurrir a las radiografías y la ecografía.

Tratamiento

El tratamiento para las infecciones urinarias bacterianas consiste en la administración de antibióticos. Generalmente se usan antibióticos de amplio espectro que dan buenos resultados, pero en los casos en que no funcionan se deben administrar antibióticos específicos para la bacteria causante de la infección. Es importante administrar el antibiótico recetado durante todo el tiempo que el veterinario haya indicado, incluso si los síntomas desaparecen antes.

Las infecciones no bacterianas se tratan con otros medicamentos, tales como fungicidas y antiparasitarios.

Cuando existen obstrucciones causadas por cálculos o prostatitis, se deben tratar esos problemas al mismo tiempo que la infección.

Además, el veterinario recomendará una dieta que permita restablecer el pH normal de la orina, que se hace alcalino durante la infección.

El pronóstico depende de la complicación de la infección, así como de los agentes causantes. Las infecciones sencillas causadas por bacterias suelen tener un excelente pronóstico. En cambio, las infecciones causadas por hongos son más difíciles de tratar. Las infecciones urinarias más complicadas tienen un pronóstico variable, dependiendo de cada caso.

Prevención

Para prevenir las infecciones urinarias en perros es importante permitirle al perro orinar con frecuencia y que siempre tenga a disposición agua limpia para beber. Esto ayuda a eliminar bacterias de la uretra.

Para los perros que tienen predisposición a desarrollar cálculos en el tracto urinario es posible que el veterinario recomiende alguna dieta que reduzca la formación de esas estructuras.

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