La tasa de reforzamiento
En el adiestramiento canino, la tasa de reforzamiento es el número de reforzadores que tu perro recibe por unidad de tiempo. Por ejemplo, si le das a tu perro 20 reforzadores en un minuto, la tasa de reforzamiento será de 20 por minuto.
Junto con los criterios de adiestramiento y el timing, la tasa de reforzamiento es uno de los factores más importantes para determinar el éxito del entrenamiento.
Debes mantener una tasa de reforzamiento muy alta mientras le enseñas un nuevo ejercicio a tu perro y cuando levantas los criterios de adiestramiento. Lo ideal es ofrecer un reforzador cada dos o tres segundos. Por eso es importante que definas criterios de adiestramiento que pueden ser alcanzados con cierta facilidad.
Obviamente, será difícil que consigas una tasa de reforzamiento muy alta en la primera sesión de un ejercicio nuevo. Tu perro no tendrá la menor idea de lo que quieres y no ofrecerá con mucha frecuencia las respuestas que cumplen tu criterio de adiestramiento. Sin embargo, en cuanto logre comprender la idea básica, podrás aumentar la tasa de reforzamiento con facilidad.
Una vez que tu perro haya convertido los ejercicios de obediencia en hábitos, no será necesario que refuerces con tanta frecuencia esas respuestas en la vida cotidiana. Sin embargo, es buena idea que mantengas elevada la tasa de reforzamiento durante las sesiones de adiestramiento.
Ejemplo 1: Ineficacia de una tasa de reforzamiento baja
Un adiestrador tradicional que conozco estaba entrenando a un perro mestizo. El perro se distraía con facilidad porque el lugar de adiestramiento era un área pública.
Ya llevaban tres semanas entrenando y el perro no respondía a ninguna orden a menos que el entrenador le diera tirones de collar y lo empujara. Según el entrenador, el perro sabía caminar en "Junto" y sentarse a la orden, pero no respondía porque era "muy terco y dominante". Entonces, la única alternativa que había considerado era ponerle al perro un collar de púas.
A simple vista era claro que el entrenador no había elegido correctamente el criterio de adiestramiento, ya que el perro no estaba listo para trabajar en un área pública. De hecho, ni siquiera había intentado entrenarlo en un lugar tranquilo, pero ya catalogaba al pobre perro de terco y dominante. Sencillamente, le estaba exigiendo al perro mucho más de lo que podía dar en ese momento.
Pero al ver una de las sesiones de adiestramiento noté un error adicional: la tasa de reforzamiento era extremadamente baja.
Para lograr que el perro se eche, el entrenador tiraba de la correa hacia abajo, de tal forma que el collar de púas causaba una sensación desagradable o quizás dolorosa al perro. Además, empujaba los hombros del perro para vencer la resistencia del animal. De esta manera lograba que el perro se eche una vez cada minuto y medio o cada dos minutos aproximadamente. Cuando el perro se echaba, el entrenador le daba un pedacito de comida para "reforzar" la conducta.
Su conclusión era que el reforzamiento positivo no servía con perros "tercos y dominantes", pero de lo que no se daba cuenta es que no estaba reforzando nada. La tasa de reforzamiento era exageradamente baja y había muchas distracciones además del estrés al que estaba sometido el perro. Era imposible que la comida funcionara como reforzador en esas circunstancias.
Darle un pedacito de comida al perro cada minuto no sirve de nada. Incluso cinco refuerzos por minuto proporcionan una tasa de reforzamiento muy baja para enseñar nuevos ejercicios.
Ejemplo 2: Eficacia de una tasa de reforzamiento elevada
Hace unos años entrené un perro bóxer que aprendía nuevos ejercicios con una rapidez impresionante. Sin embargo, era casi imposible sacarlo a pasear porque se emocionaba tanto cuando veía otros perros, que su mente se bloqueaba y no hacía otra cosa más que tirar de la correa.
Esta conducta había sido reforzada muchas veces porque cada vez que arrastraba a sus dueños podía saludar a los otros perros. De hecho, era un perro tan fuerte que era indiferente quién lo sacara a pasear. Él siempre se salía con la suya, arrastrando a cualquier persona.
Aunque habíamos practicado dentro de la casa el ejercicio de caminar sin jalar la correa, no tenía buenos lugares para generalizarlo. Apenas abría la puerta de la casa podía ver dos o tres perros sueltos en esa calle, y el bóxer se volvía loco de emoción al ver a sus amigos.
La solución para entrenar a ese perro fue usar una tasa de reforzamiento extremadamente alta. El perro daba un paso y yo hacía un sonido de click con la lengua (el reforzador condicionado), e inmediatamente le entregaba un pedacito de salchicha o pollo cocido. En otras palabras, el reforzador aparecía con tal rapidez que el perro no tenía tiempo para tensar la correa.
La primera sesión fuera de su casa apenas duró un minuto. Solamente cruzamos la calle y volvimos, pero pudimos pasar al lado de otro perro sin que el bóxer se mosqueara. Estaba completamente atento porque la tasa de reforzamiento era muy alta.
Las siguientes sesiones fueron más sencillas y gradualmente pude reducir la tasa de reforzamiento, hasta que ya no era necesario utilizar comida para pasear al perro.
Así que no subestimes la importancia de la tasa de reforzamiento. Es un factor crucial, tanto cuando levantas el criterio como cuando enseñas nuevos ejercicios.
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