Historia, histeria y pseudociencia sobre razas peligrosas - III
Las razas consideradas peligrosas habían causado miedo en el siglo XX, pero no como el terror que se iba a apoderar de algunas sociedades de principios del siglo XXI.
Esta es la historia de las razas peligrosas a principios de los años 2000.
Siglo XXI de terror: holocausto canino
A fines del siglo XX y principios del siglo XXI, el miedo hacia los perros peligrosos fue en aumento. Cada vez más países, estados y municipios decidieron lidiar con este problema creando leyes específicas para condicionar o prohibir las razas consideradas peligrosas.
En un principio los principales perros afectados por estas leyes fueron los rottweiler y los perros "tipo pitbull". Sin embargo, con el tiempo muchas otras razas de perros fueron agregándose en diferentes lugares, y se prohibieron perros como el pastor alemán, el doberman, el boxer, el mastín napolitano y otros.
El miedo de la gente se veía incrementado por las noticias, muchas veces sensacionalistas, de ataques de perros. En estas noticias casi siempre se mencionaba a los perros pitbull, incluso si no se habían identificado las razas involucradas o si no se trataba de esta raza. Esto empujaba a las autoridades a legislar estos perros con más fuerza. Luego, las nuevas leyes generaban más miedo entre la población y las noticias sensacionalistas se veían validadas, por lo que cada vez mencionaban más a los pitbull, casi sin importar cuál fuera la raza agresora.
Este ciclo de realimentación del miedo hacia el pitbull llegó a crear tanto temor que en algunos estados y países la aplicación de las leyes se convirtió en una cacería de brujas. Cualquier situación se convertía en motivo para matar a un pitbull y cualquier perro se convertía en pitbull cuando había que justificar su sacrificio.
En los primeros años del siglo XXI se mataron decenas de miles de perros que no habían causado ningún incidente, sólo porque se los consideraba "perros tipo pitbull". La mayoría de esos perros eran mascotas en familias responsables y nunca había causado daño alguno.
Uno de los ejemplos más conocidos y tristes es el caso de Lennox, un perro cruce de labrador y bulldog americano que fue asesinado en 2012 por el Condado de la Ciudad de Belfast en Irlanda del Norte. Ese perro jamás había mordido a nadie y ni siquiera había protagonizado algún problema de agresión. Era un perro familiar, bien socializado y educado.
Sin embargo, Lennox encajaba en la apariencia que debía tener un "perro tipo pitbull" (aunque no tuviera genes de pitbull), por lo que los oficiales de control animal del Condado lo retiraron de su casa y lo llevaron a un albergue donde pasó sus últimos días enjaulado y en condiciones aparentemente no muy buenas. Sus propietarios hicieron lo posible para salvar al perro, pero no lo lograron. Ni siquiera se les devolvió el cadáver del animal ni el collar que llevaba.
En agosto de 2012 el Condado de la Ciudad de Belfast entregó a los propietarios de Lennox una pequeña urna con cenizas que supuestamente eran del perro, pero quedan dudas acerca de las cenizas por la manera en que se manejó todo desde el principio.
Miles de casos como el de Lennox generaron la reacción no sólo de quienes tienen perros "tipo pitbull", sino de la mayoría de los aficionados a los perros. Por todo el mundo se crearon agrupaciones y organizaciones que pretenden que se sancione la tenencia irresponsable y peligrosa de perros en vez de la tenencia de una raza en particular.
Por otra parte, el miedo hacia determinadas razas llegó a ser tan grande que los propietarios de estos perros suelen ser discriminados en aquellos lugares en que existen leyes específicas para dichas razas. Muchos de estos propietarios son responsables, socializan a sus perros, los llevan a clases de adiestramiento canino y los mantienen bajo control, pero están sujetos al prejuicio moral y muchas veces no pueden acceder con sus mascotas a los mismos espacios públicos que otra gente de perros.
Por supuesto, también existen propietarios irresponsables e incluso algunos que se dedican a actividades ilegales con los perros (como las peleas de perros), pero éstos generalmente son inmunes a las leyes para razas peligrosas porque sencillamente las ignoran y no les importa el futuro de sus perros.
Hoy en día las leyes sobre razas peligrosas generan mucha polémica y han dividido a la sociedad. Por un lado existen voces a favor de estas leyes que sienten que determinadas razas caninas son un riesgo para la sociedad. Por otro lado, existen voces en contra de estas leyes que exigen que se juzgue cada caso de forma individual y no se prejuzgue a todos los perros de una raza. Estas últimas indican que el peligro está en los propietarios irresponsables y no en la raza del perro.
Ambos bandos tienen sus argumentos, pero éstos suelen ser argumentos emocionales más que racionales. Los argumentos a favor de las leyes contra razas peligrosas suelen estar llenos de miedos, prejuicios e indignación por los ataques de perros. Los argumentos en contra de las leyes para razas peligrosas suelen estar llenos también de miedo e indignación, pero en este caso por la muerte de perros inocentes.
Para poder abordar seriamente el problema de los ataques de perros hay que dejar a un lado las emociones y concentrarse en resultados objetivos. ¿Han servido de algo las leyes sobre razas peligrosas en los lugares en que se han implementado? ¿Cuáles son los resultados de estas leyes?
Hasta ahora el debate continúa. Algunos países, como Italia y Holanda, han encontrado que los ataques severos y fatales no disminuyen a pesar de estas leyes. En consecuencia han optado por sustituir sus leyes para razas peligrosas por leyes que se enfocan en el propietario y en las responsabilidades que debe asumir al tener un perro, sea de la raza que sea.
Por otra parte, otros países y estados mantienen sus prohibiciones porque consideran que son útiles incluso si no son efectivas de forma directa.
Ojalá que en el futuro los aspectos emocionales se hagan a un lado al momento de decidir acerca de la creación, mantenimiento o reemplazo de estas leyes y prime una visión objetiva que ayude a brindar seguridad a las personas, sin la necesidad de exterminar a perros sociables que no representan peligro alguno.
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